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Lejana y vespertina como la hierba que cruza por muros inquietos que me apartan del alma tempestuosa y oscura de raíces súbitas, donde la calma cruza herida el portal de los dioses, seres tangibles, corpóreos, concretos… intocables; seres relativos como tuyos, como míos, hermano.
El viento suena lúgubre y despiadado sobre los sueños del madero mientras la savia desfila por la sien que duerme. Las horas y los años viajan por el cerco de sus rostros que sucumben silenciosos entre miradas y naves rotas.
Las raíces crecen, se envuelven entre techos desgajados y paredes taciturnas, se esparcen sosegadas levantando el polvo en el armario de las sospechas. Ya no son las mismas cada noche y cambian de color y su aspecto no es igual y lo dejan todo. Se olvidan de sus dioses nocturnos y de las primeras luces, y relegados, ellos se desconocen y se abandonan cual exhalaciones mórbidas.
Dioses exentos de inmortalidad, material, caótico, entrañable. Padres mortecinos del crepúsculo taciturno, recuerdo que llegué a amarlos como a mi sangre derramada en esta órbita de tierra tenebrosa, recuerdos van recuerdos vienen; ¡ padres ! ¿Dónde estoy?
El viento suena lúgubre y despiadado sobre los sueños del madero mientras la savia desfila por la sien que duerme. Las horas y los años viajan por el cerco de sus rostros que sucumben silenciosos entre miradas y naves rotas.
Las raíces crecen, se envuelven entre techos desgajados y paredes taciturnas, se esparcen sosegadas levantando el polvo en el armario de las sospechas. Ya no son las mismas cada noche y cambian de color y su aspecto no es igual y lo dejan todo. Se olvidan de sus dioses nocturnos y de las primeras luces, y relegados, ellos se desconocen y se abandonan cual exhalaciones mórbidas.
Dioses exentos de inmortalidad, material, caótico, entrañable. Padres mortecinos del crepúsculo taciturno, recuerdo que llegué a amarlos como a mi sangre derramada en esta órbita de tierra tenebrosa, recuerdos van recuerdos vienen; ¡ padres ! ¿Dónde estoy?
Susanne

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